La piel grasa se caracteriza por una producción excesiva de sebo, lo que genera brillo, poros dilatados, puntos negros y tendencia al acné. El error más común es intentar “secarla” demasiado, lo que provoca efecto rebote y aún más oleosidad. La clave es equilibrar, no eliminar la grasa natural.
La limpieza debe realizarse dos veces por día con un gel suave, que remueva impurezas, protector solar y exceso de sebo sin alterar la barrera cutánea. Los tónicos ideales son sin alcohol, ya que el alcohol irrita y estimula más producción de grasa.
Ingredientes aliados:
• Niacinamida: regula el sebo, mejora poros y rojeces
• Ácido salicílico (uso controlado): limpia poros en profundidad
• Zinc: ayuda a controlar brillo
Aunque parezca contradictorio, la hidratación es fundamental. Una piel deshidratada produce más grasa para compensar. Se recomiendan hidratantes oil-free o textura gel.
El protector solar debe ser liviano, toque seco o matificante. Es el paso que más previene manchas post acné y envejecimiento.
Objetivo: piel equilibrada, menos brillo, poros más uniformes y menos imperfecciones.
